Sociedad

Alfredo y María Luisa: un amor inspirado en el arte

En una visita al Museo del Prado, Alfredo se dio cuenta de que María Luisa era la mujer de su vida, y el pasado mes de junio pasaron por el altar en la Capilla del Sagrario de la Mezquita de la Catedral de Córdoba

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Alfredo y María Luisa, muy sonrientes tras su paso por el altar.
©Alfredo Moya y María Luisa Lara

Alfredo Moya y María Luisa Lara se conocieron gracias a unos amigos en común, hace tres años. Una noche de verano quedaron para cenar, y tras este primer encuentro, acordaron verse de nuevo. La segunda cita fue cultural: una visita al Museo del Prado. En la pinacoteca y ante un cuadro de El Bosco fue cuando Alfredo se dio cuenta de que María Luisa era la mujer perfecta para él.

Dos años más tarde, Alfonso volvería a visitar el museo, de nuevo, junto a María Luisa, y allí le pidió matrimonio.

El pasado 1 de junio, la pareja se dio el ‘sí, quiero’ en la Capilla del Sagrario de la Mezquita de la Catedral de Córdoba, en una ceremonia que fue oficiada por el deán presidente del Cabildo de la Catedral de Córdoba, el padre Manuel Moya.

El momento más divertido llegó cuando Alfredo le iba a poner el anillo a su esposa… y parecía no encajar en su dedo. Según cuentan, el largo suspiro de María Luisa provocó la risa de los allí presentes.

El acto contó con una pianista, hija de una amiga de la novia, y un violinista, que interpretaron desde temas actuales como All of Me hasta otros más clásicos, como la marcha nupcial de Wagner.

Las Palmeras del Caballo Rojo de Córdoba fue el lugar escogido por los recién casados para celebrar su boda. Un espacio exclusivo, situado en la zona residencial donde viven los padres de María Luisa y transcurrió su infancia.

María Luisa sorprendió a sus invitados con tres vestidos diferentes: uno de estilo princesa con tul bordado, otro de la diseñadora Amanda Wakeley, que compró en Londres, y uno tercero, de gitana, con encaje beige y mantón de blonda. Este último modelo dejó boquiabiertos a los asistentes.

Los recién casados quisieron tener un detalle con los seres queridos que asistieron a la boda, regalándoles unas tarjetas escritas a mano por ellos mismos. En ellas, Alfredo y María Luisa recordaban las anécdotas y momentos especiales que habían compartido con cada uno de sus invitados, entre los que se encontraban dos grandes amigas de la novia, que asistieron al enlace desde Normandía y Zaragoza.

 

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