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La boda de Miryam y Rufo en el Palacio de Santa Ana de Valladolid

Tras una romántica pedida de mano en Lisboa, la pareja se casó en este espacio, situado en el histórico Monasterio de los Jerónimos

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Lo que comenzó con un tímido '¡Hola!' terminó en 'sí, quiero' el 2 de junio del pasado año. 
©Pequeño Estudio 

"Una chica morena de bonita sonrisa y mirada dulce", pensaba Rufino Alonso al ver a Miryam Beltrán en las redes sociales de un amigo que ambos en común. Le gustaba tanto que no se atrevía a pedirle a su amigo que les presentara. Pero un día, tras meses de espera, se decidió a mandarle un tímido ‘¡Hola!’ que dio paso a una conversación que duraría toda la tarde.

Con el tiempo, Rufino pidió salir a esa ‘chica dulce’, nos cuenta Miryam, "¡como si estuviéramos en el instituto!"

La pedida fue mágica. Durante una romántica cena entre las antiguas y estrechas callejuelas del bohemio Barrio Alto de Lisboa, Rufino, Rufo para los amigos, pidió matrimonio a su chica. Ella, nos cuenta que estaba tan emocionada que tardó un par de minutos en contestar: "¡Sí! ¡Claro que me caso contigo!"

Un ‘sí’ rotundo que se hizo realidad el 2 de junio del año pasado, durante una ceremonia civil celebrada en el hotel Palacio de Santa Ana, en Valladolid.

Miryam brillaba más que nunca vestida de blanco. Para el día de su boda eligió un vestido con cola de Pronovias. Las plumas en sus hombros y la abertura en la pierna le daban un toque de lo más sofisticado. Llevaba un tocado de flores de cerezo y mariposas, símbolo de ‘felicidad, esperanza y nuevos comienzos’, y un velo de tul sedoso de la misma firma que el vestido. Sus zapatos, de 'Jimmy Choo', que cambió por unas cómodas alpargatas de Castañer para el baile.

Así de resplandeciente, Miryam se daba el esperado ‘sí, quiero’ con su novio, Rufo, que pronunció unos votos que emocionaron a todos: "Te ofrezco mi vida entera para que cuando llegue el día que dejes este mundo, tú último pensamiento sea: he sido feliz". 

La celebración tuvo lugar en el Claustro de este hotel palacio, que se ubica en un lugar histórico: el Monasterio de los Jerónimos, cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII.

Durante la fiesta, los novios disfrutaron de todos sus invitados, que les acompañaron en todo momento. Uno de los más divertidos que recuerdan los protagonistas fue la suelta de ‘los globos de los deseos’ en el embarcadero del hotel. Y, por supuesto, en este instante tan especial, les desearon lo mejor a los recién casados.

 

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