Sociedad

Alfonso y María Luisa: su 'sí, quiero' a 25 años de amor

La pareja se conoció en 1993, y aunque se casaron en 1999 en una ceremonia civil, en septiembre del año pasado pasaron por el altar de la parroquia 'Crist Rei' de Reus, en Tarragona

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Alfonso y su esposa, María Luisa, se miran, muy enamorados.
©Objectiu Fotògrafs

Alfonso de Arespacochaga y María Luisa Lara se conocieron hace 25 años. Ambos asistieron a una fiesta donde una amiga que tenían en común les presentó, y pronto surgió el amor entre ellos. 

Seis años más tarde de aquel encuentro, el 28 de mayo de 1999, Alfonso y María Luisa celebraban su boda civil, y casi dos décadas después, el 22 de septiembre del año pasado, la pareja se daba el 'sí, quiero' en la Parroquia 'Crist Rei' de Reus, en Tarragona. 

Sus hijas, Paula y Sofía de Arespacochaga Lara, ejercieron como madrinas del enlace. Paula, acompañando a su madre, quien no pudo controlar la emoción al entrar en la iglesia, y Sofía a su padre.

Rafael Serra fue el encargado de oficiar la ceremonia, que comenzó con la marcha nupcial de Mendelsson, y en la que también sonaron temas como la Salve rociera y el Ave María de Schubert. 

Tal y como marca la tradición catalana, David Estellé Lara se convirtió en el 'portador de la toia', una figura muy importante en las bodas de esta Comunidad Autónoma. Se trata de una persona vinculada al novio, que se encarga de ir a por el ramo de flores de la novia -la toia- y entregárselo en su propia casa, al tiempo que recita un poema para la ocasión.

Una vez finalizó el acto, los recién casados se dirigieron al parque de Sant Jordi, donde disfrutaron de un paseo y, además, se hicieron fotos junto a todos sus invitados, con los que más tarde se dirigieron al restaurante Castillo de Javier, en el municipio tarragonés de Salou.

Allí, rodeados de sus allegados, festejaron que ya eran 'marido y mujer'. Un amigo suyo, el humorista Jaimito Borromeo, ofreció un regalo muy especial a Rafael y María Luisa: un divertido monólogo que arrancó más de una sonrisa en los presentes.

Pero la mayor sorpresa que se llevaron los novios llegó cuando un grupo de invitados se acercaron a su mesa presidencial, comiéndose el solomillo y "no dejando ni las migas", en palabras del novio. 

Un momento inesperado que, unido a muchos otros, quedarán grabados en la memoria de los dos protagonistas, que brindaron por sus invitados, dándoles las gracias por compartir con ellos este día. "Os queremos. Por vosotros, por nosotros... Chin, chin"

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