Sociedad

La boda con ‘brisa mediterránea’ de Yara y Andrés

La pareja se casó en Barcelona, en una boda muy familiar de la que sus seres queridos también se sintieron protagonistas

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Los novios se casaron en la Iglesia de Santa María del Mar por su especial significado: fue construida por un pueblo, como su matrimonio, construído en compañía sus familiares y amigos. 
©Montse García

Cuando dos personas están destinadas a estar juntas, ni siquiera la distancia es un inconveniente. Yara García Ramos y Andrés Castaño se conocieron en la Universidad gracias a unos amigos en común. Ella pasó tres años en París, estuvo viviendo en Estados Unidos y también trabajando en Ginebra.

Yara nos cuenta que, cada vez que volvía a Madrid, esperaba con tantas ganas la ansiada pregunta que ‘siempre llevaba las manos hechas’. Hasta que, por fin, Andrés formuló la pregunta y ella, por si no era suficiente con un ‘sí’, contestó ‘¡Claro que sí!’.

Dicen que ‘uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida’ y, aunque Yara lo hizo en todos y cada uno de los lugares en los que vivió, eligió la ciudad que la vio crecer para la celebración del enlace: Barcelona. ‘Al final, la brisa mediterránea es algo que llevas dentro’, cuenta la novia.

La ciudad condal fue testigo de un ‘sí, quiero’ en la Iglesia de Santa María del Mar, un lugar con mucho significado para Yara. Se casaron el 2 de septiembre de 2017 en una ceremonia religiosa en la que todo quedó en familia. Yago, el sacerdote, que era amigo de los novios, hizo que boda fuera de lo más cercana. El coro también estaba compuesto por amigos de la pareja.

Aunque todo fue precioso, la novia se queda con dos mágicos momentos: el ‘sí, quiero’ y su entrada a la Iglesia de la mano de su padre. Todos los ojos apuntaron a ella cuando entró al templo, reluciente cubierta con un velo muy especial: el mismo con el que se casó su tía. El vestido, obra de Verónica Miranda, encajaba con el velo a la perfección. Un sencillo diseño romántico de cuello barco y escote en la espalda. La falda, fluida y terminada en cola.

Para el aperitivo, Yara se quitó el velo y quiso lucir un sombrero Panamá para dar ‘un toque más silvestre al vestido’. Un precioso guiño a su padre, que siempre lleva uno. Para el banquete, se decantó por una corona de flores, aportando un toque de color.

A la novia le hacía especial ilusión recrear ‘una típica comida de jardín que hacemos en casa cuando empieza el buen tiempo’. Masia Rosàs se convirtió en el lugar perfecto para cumplir su deseo.

Ella, junto con su madre, su abuela y su tía, se convirtieron en las mejores wedding planner, encargándose de la decoración con ayuda de sus amigas, para que todas construyeran ‘un pedacito de ese día’. Con la química (Andrés es químico) y los libros (el padre de Yara es escritor) como temática, el resultado fue todo un éxito.

Las coreografías inesperadas o la entrega de los ramos fueron solo algunas de las sorpresas, que no faltaron en un día en el que los seres queridos de la pareja fueron los protagonistas. Para Yara y Andrés, ‘En esta vida, nada se nos debe, todo se nos regala; y ese día fue un regalo y lo disfrutamos compartiéndolo’.

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