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La original boda de Gina y Roger en una finca abandonada

La pareja quería celebrar su enlace en un lugar donde nadie lo hubiese hecho antes, así que reunieron a sus invitados en un espacio en plena naturaleza, ubicado en el municipio de Flaçà, en Girona

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Gina y Roger, muy felices, tras su 'sí, quiero'.
©Pablo Béglez

Aunque Gina Llorens y Roger Puigví se conocieron en 2010 mientras trabajaban en un evento, no fue hasta cuatro años más tarde que comenzaron su relación. Era el 14 de junio de 2014, después de una fiesta en el Sónar, un conocido festival de música electrónica de Barcelona.

Un Sant Jordi, Gina y Roger quedaron en la plaza Sant Felip Neri de Barcelona, haciendo así un guiño a una canción muy especial para ellos, del grupo 'Txarango'. Este tema habla de que ha quedado con su pareja a las 3 y media en esta misma plaza, un día de Sant Jordi. "Nunca habíamos podido coincidir hasta ese día", nos explican. Esta casualidad -los dos encontrándose en este mismo lugar y a la misma hora que señalaba su canción-, fue una señal para que decidiesen tomar una importante decisión: pasar por el altar. 

"Fue allí, sentados en la fuente, y ante la mirada discreta de algunos turistas que después vinieron a felicitarnos casi más emocionados que nosotros", comentan.

El 16 de junio del año pasado, Gina y Roger se casaban en la iglesia de Santa María de Pineda de Mar, Barcelona, durante una ceremonia muy emotiva, que fue oficiada por el padre Climent Forner. 

Para la ocasión, Gina escogió un vestido y un velo de la firma 'ImmaClé', que acompañó de un ramo diseñado por 'La puta suegra'. 

Tras la boda, la feliz pareja celebró su unión, por todo lo alto, en un lugar muy original: una finca abandonada, propiedad de la familia del Castell de Carmany, en el municipio de Flaçà, en Girona. "Lo elegimos por la magia del sitio y porque queríamos hacer realmente una cosa distinta y celebrarlo en un sitio donde no se hubiera casado nadie nunca". 

Y, en efecto, lograron su propósito. El matrimonio señala el concierto, que fue a cargo de Wasa Corporation, como el momento más divertido de aquel día. Los chicos de la banda animaron tanto la fiesta que, en palabras de los novios, "parecía un concierto de una fiesta de pueblo". 

La sorpresa llegó con la piñata con forma de pastel que les regaló una de sus invitadas. Como Gina y Roger no querían una tarta nupcial, la piñata se presentó como el sustituto de este dulce. Lo que no se imaginaban era lo que escondía dentro. "Resulta que la piñata estaba rellena de productos relacionados con nosotros dos, y aparte, mucha purpurina dorada... muchísima".

Como no lo sabían, Gina cogió a sus sobrinos y los puso debajo de la piñata para que la ayudasen a golpear, y al hacerlo, les cayó encima una lluvia de purpurina, quedando "como croquetas rebozadas en purpurina dorada".

 

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