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De Canadá a Segovia: la internacional boda de Lela y Pablo

Ella es griega y él español. Sus caminos se unieron en Estados Unidos, y aunque Canadá es su lugar de residencia, decidieron cruzar el charco para pasar por el altar en Segovia

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Lela y Pablo escogieron el Palacio de Esquileo, una antigua casa de lanas segoviana, para celebrar su boda.
©Morgan Marinoni

La historia de Lela Kinti y Pablo E. Sanz comienza en el Valle del Napa, en California, Estados Unidos. Ella es griega y él, español, pero el destino y el trabajo les llevó a encontrarse en esta región vitivinícola.

Tiempo después, la pareja convertiría el país vecino, Canadá, en su hogar, y una vez decidieron casarse, escogieron una ciudad al otro lado del Atlántico para celebrar su boda: Segovia. Pablo se siente muy unido a esta provincia castellanoleonesa, donde disfrutó muchos veranos cuando era niño. "Segovia está en nuestro corazón", nos cuenta la novia. 

El 25 de agosto del año pasado, Lela y Pablo se daban el 'sí, quiero' en una ceremonia religiosa, que tuvo lugar en la localidad segoviana de Sotos de Sepúlveda. 

Lela escogió para la ocasión un romántico vestido, lleno de pequeños y brillantes detalles, que firmó la diseñadora neoyorquina Hayley Paige. Como accesorios, lució un largo velo de seda italiana, obra de la modista Dephne Newman, y un ramo de rosas inglesas, elaborado en la floristería segoviana de Esther Riaza.

Su llegada al altar, de la mano de su padre, George Kintis, fue uno de los momentos más bonitos del enlace, que continuó con un banquete y una espectacular fiesta en el Palacio de Esquileo. Esta antigua casa de lanas ya había servido de escenario a la boda de Eva, tía de Pablo, por lo que, según nos cuenta la pareja, la elección no se tornó complicada. 

"Queríamos que nuestros invitados viviesen una experiencia única". Y así fue. Los invitados, llegados desde diferentes partes del mundo, festejaron, por todo lo alto, que Pablo y Lela ya eran 'marido y mujer'. Entre ellos, no faltaban las seis amigas de Lela que ejercieron como perfectas damas de honor, y seis amigos de Pablo, que, además, fueron testigos del enlace. 

De todos los instantes vividos allí aquel día, los recién casados se quedan con el lanzamiento del 'codiciado' ramo de la novia y el baile final como los más divertidos, mientras que el más inesperado, sin duda, fue cuando sorprendieron a sus padres con unos regalos.

 

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