Sociedad

Marta y Javier: una romántica boda en un lugar con mucho significado

La pareja celebró su paso por el altar en la finca familiar del novio, ubicada en el municipio madrileño de Valdemorillo

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Javier, que había volado desde Madrid en secreto, pidió matrimonio a Marta por sorpresa en Mallorca. Al asomarse ella a la ventana lo vió allí con un anillo entre sus manos, y así empezó todo. 
©LIVEN Ph

Javier Lorente-Sorolla y Marta Candela se conocen desde siempre. Ambos iban al mismo colegio, pero, al ser Javier cuatro años mayor que Marta, no tenían mucho trato.

Tiempo después, Marta y Javier volvieron a reencontrarse gracias a las redes sociales. Tras hablar un par de veces por Facebook, un día, Javier le propuso un divertido plan a Marta: tomar algo con una amiga. Marta aceptó y desde aquella noche… ¡hasta hoy!

En agosto de 2017, cuando Marta se encontraba en Mallorca disfrutando de las vacaciones junto a su familia, recibió una visita inesperada. Su madre le dijo que se asomara a la ventana, y para su sorpresa, se encontró con Javi, que había volado desde Madrid -donde se había quedado para asistir a sus entrenamientos de fútbol-. Su novio llevaba, además, una caja abierta -la del anillo- entre sus manos. Le estaba pidiendo que se casase con él.

“Me quedé en blanco de los nervios. Bajé en camisón a la calle… y allí empezó todo”, nos cuenta Marta.

El 7 de julio del año pasado, el compromiso se convertía en realidad, y la pareja se daba el ‘sí, quiero’ en la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, en el municipio madrileño de Valdemorillo.

Marta lucía para la ocasión un vestido de la diseñadora Inés Martín Alcalde, “el vestido que mejor la definía”, en sus propias palabras, y optó por no llevar velo para dejar al descubierto su espalda. Los zapatos fueron hechos a medida por ‘Salo Madrid’, y su ramo, confeccionado por Teresa, de la floristería ‘Verde Pimienta’.

En cuanto a los accesorios, tanto ella como Javier escogieron unos muy especiales. Marta llevaba unos pendientes de brillantes que le regaló su suegra y una sortija de zafiro con brillantes que perteneció a su tía abuela. Javier, por su parte, un reloj que su madre le regaló a su padre cuando celebraron su pedida de mano.

La llegada de la novia a la iglesia siempre es uno de los momentos más esperados, y para Javier fue uno de los más bonitos del enlace. Marta apareció acompañada de su padre y padrino de la boda, José Candela, y precedida por cuatro pequeños, dos sobrinos por parte del novio y dos por parte suya.

Uno de los pajes, Bruno, quería que Gabriela, la más pequeña de las damitas, empezara a andar delante de él, con tan mala suerte de que Gabriela tropezó y se cayó. Entonces, el padre de Marta la cogió en brazos, y los tres juntos hicieron el camino hacia el altar. “Aunque Gabriela se llevó un buen disgusto, la imagen fue preciosa”, confiesa la novia.

Después de la ceremonia religiosa, que fue oficiada por don Pablo Yepes, los recién casados y sus invitados festejaron el gran día en la finca de la familia de Javier, también situada en Valdemorillo. Un lugar al que, sin duda, se siente muy unido, y por ello les hacía ilusión reunir allí a toda su gente.

Así, rodeados de sus seres queridos, Javier y Marta disfrutaron de su gran fiesta. “Recuerdo cuando todos los invitados bailamos la canción Follow the leader alrededor de la piscina”, explica Marta, quien decidió entregar su codiciado ramo a su madre, Susana. “Lo tenía claro desde que supe que me iba a casar. Por ser la gran madre que es, por toda la ayuda que me ofreció durante la preparación de la boda, por su ilusión, por la dedicación… Se lo merecía más que nadie”.

No obstante, también quiso tener un detalle con sus dos mejores amigas, Puri y Lila, a quienes dio dos réplicas de su ramo.

El otro momento con el que Marta se queda es cuando leyeron sus hermanas, Laura y María, antes de que comenzase la fiesta en la piscina de la finca. “Fue muy gracioso, pero, sobre todo, muy emotivo. Javi se giró a mirar a su padrino, a quien mencionaron en esa lectura, y le vio con la lágrima cayendo. Así que él también se emocionó mucho, ¡y yo!”.

Recuerdos y recuerdos que tanto ella como Javier se guardarán para siempre.

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