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Señales que indican que tu hijo tiene alergia a la proteína de la leche de vaca

Es una de las más comunes en menores de un año, pero su diagnóstico no es sencillo. Por ello, resulta esencial prestar atención a ciertos signos que nos indican su presencia, y que pueden pasar desapercibidos

by Ana Caaveiro

Cada vez hay más niños con alergias en nuestro país. Según informa la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), el número aumenta en un 2% cada año, y calcula que, en las próximas décadas, el 50% de pequeños que viven en países desarrollados sufrirán este problema. Una de las más comunes (y desconocidas) en menores de un año es la alergia a la proteína de la leche de vaca, que afecta a un 30% de los niños con alergias. Se trata de una respuesta inapropiada del sistema inmunitario frente a las proteínas de la leche de vaca, lo que provoca una enfermedad multiorgánica, que se manifiesta de diversas formas.

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¿Cuáles son sus causas?

Tal y como nos explica el doctor Manuel Blanco, de Danone Specialized Nutrition, existen varios motivos que explican el incremento de esta alergia:

  1. La contaminación ambiental. “Sabemos que un entorno con mayor contaminación provoca que aumente el número de alergias”, detalla.
  2. Las cesáreas. “Cuando el niño, en vez de salir por el canal vaginal, lo hace por cesárea, tiene menos contacto con la flora bacteriana de la madre, y se sabe que la pérdida de se contacto hace que la microbiota de ese niño sea más pobre”, comenta.
  3. El uso indiscriminado de antibióticos en la infancia. “Aunque un antibiótico lo que hace es matar al ‘bicho’ de una enfermedad concreta, también afecta a los microorganismos de la flora intestinal de ese niño, alterando su microbiota. Por este motivo es tan importante tomarlos con prudencia”.

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¿Cómo detectar si tu hijo tiene alergia a la proteína de la leche de vaca?

El médico afirma que existen tres grupos de síntomas:

  • Los cutáneos. Manifestaciones en la piel en forma de urticarias o zonas rojas en los pliegues.
  • Los digestivos, como diarreas, e incluso sangre en las heces.
  • Los respiratorios. Dificultad para respirar, pitidos, tos, ronquera…

El doctor Manuel Blanco incide en que la alergia a la proteína de la leche de vaca no es fácil de diagnosticar. En especial, si se manifiesta de forma cutánea, puesto que muchas veces se ha llegado a confundir con la dermatitis del pañal o con una urticaria. “En ocasiones, se requiere de dos a cuatro visitas al pediatra para detectarlo”, comenta, e insiste en que es primordial estar alerta a cualquiera de estos síntomas. De lo contrario, si no se detecta, el niño empeora, pudiéndose producir una inflamación de su intestino, y crece el riesgo de desnutrición, debido a que la afectación digestiva crónica desencadena una diarrea persistente.

Por ello, los padres deben estar muy atentos a cualquiera de estas señales, y consultarlo con su pediatra, para que éste pueda darles el diagnóstico correcto.

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Las fórmulas extensamente hidrolizadas, una buena alternativa a la leche de vaca

El doctor Blanco expone que la alergia a la proteína de la leche de vaca desaparece con la edad. “Lo más probable es que con 7 u 8 años, ese niño vuelva a ser tolerante a la leche de vaca sin problema”, añade. Lo que tiene una buena explicación: “cuando el niño nace, tiene una microbiota muy inmadura, que condiciona la respuesta de su sistema inmunológico, y se va formando con el paso de los años. Por este motivo, desaparece. Es muy poco frecuente que la mantengan hasta la edad adulta”.

No obstante, su diagnóstico y tratamiento es primordial para evitar que el pequeño desarrolle una enfermedad más severa. Así, tan pronto como el pediatra la diagnostique, lo primero que hará será retirar la leche de vaca, y el tratamiento más frecuente (si no está tomando leche materna), será sustituirla por fórmulas extensamente hidrolizadas, que él mismo prescribirá.

“Esta leche extensamente hidrolizada lo que hace, básicamente, es trocear las proteínas de la leche de vaca, que son muy grandes y complejas”, explica. Esta fórmula incluye componentes como la lactosa y los simbióticos, presentes en la leche materna.

“La lactosa es fuente de galactosa para la producción de elementos estructurales en el organismo”, apunta, por su parte, el doctor Juan José Díaz Martín, además de ser beneficiosa para la microbiota intestinal y capaz de mejorar la absorción del calcio.

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Un problema que nada tiene que ver intolerancia a la lactosa

De hecho, el doctor Blanco señala que mucha gente lo confunde la alergia a la proteína de la leche de vaca con la intolerancia a la lactosa, por lo que resulta esencial diferenciarlas, puesto que no tienen nada en común.

Las personas que sufren esta intolerancia no pueden digerir el azúcar (la lactosa) que se encuentra en la leche, sufriendo diarrea, hinchazón y gases tras ingerir algún producto lácteo.

A lo que se suma que la lactosa está también presente en la leche de la madre. “Es decir, que si el niño tuviese intolerancia, la tendría a la leche materna, lo que es muy infrecuente en niños”, concluye.

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Velar por la seguridad de los más pequeños sin obsesionarse

Por último, el doctor Blanco facilita una serie de consejos para el cuidado de los pequeños con alergia a la proteína de la leche de vaca:

  • Evitar la leche de vaca, y optar por la que prescribirá el pediatra (la fórmula extensamente hidrolizada).
  • Fijarse en las etiquetas de los productos. Hay que estar muy alerta a la hora de comprar cualquier alimento en el supermercado, ya que muchos tienen trazas de leche en su composición, como, por ejemplo, los bollos industriales o alguna salsa.
  • Llevarlo con normalidad y prudencia. Tampoco se debe alarmar al niño o dejar se obsesione. En línea de lo anterior, dado que existen numerosos alimentos que contienen leche, muchos padres se preocupan, llegando a limitar las relaciones sociales de sus hijos. “Algo tan sencillo como ir a dormir a casa de un amigo o a un campamento, puede suponer una situación de riesgo”, comenta el doctor Díaz. 

Por este motivo, los padres se alarman y sobreprotegen a sus hijos. Sin embargo, el doctor Blanco insiste en que lo mejor es que el pequeño lleve una vida lo más normal posible, acorde a su edad, teniendo especial cuidado con las comidas. 

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