Niña en la piscina

Papás y mamás: ¡atentos! Así hay que actuar este año en caso de ahogamiento

Es uno de los accidentes más frecuentes del verano, pero este año contamos con una dificultad añadida. Y es que, debido al coronavirus, no se podrá hacer el 'boca a boca' ni otras técnicas de reanimación. Te lo contamos

by Ana Caaveiro

Aunque vivimos el verano más atípico de los últimos tiempos, nuestras ganas de disfrutarlo no han disminuido. Como cada año por estas fechas, las piscinas y las playas se convierten en las grandes protagonistas, pero, en esta ocasión, debemos tener especial cuidado. No sólo en lo relativo a las medidas de higiene recomendadas por las autoridades, sino en lo que concierne a nuestra seguridad. Preocupados por el coronavirus, muchos pueden pasar por alto otro importante peligro íntimamente ligado a esta época estival: los ahogamientos.

Según informa la OMS, más de 370.000 personas fallecen por ahogamiento cada año en el mundo, de los que más de la mitad eran menores de 25 años. Y este año contamos con una dificultad añadida, ya que "prácticamente todos los protocolos médicos, también los de reanimación, han tenido que ser modificados a consecuencia de la actual pandemia por SARS-CoV-2", tal y como nos detalla el doctor Enrique Noé, neurólogo y director de investigación de Vithas NeuroRHB. Por este mismo motivo, habrá que prestar especial atención a los más pequeños de la casa cuando vayan a darse ese ansiado 'chapuzón'.

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¿Cómo han cambiado los protocolos de reanimación en caso de ahogamiento?

El doctor Noé nos explica que las principales sociedades científicas nacionales e internacionales han tenido que adoptar sus protocolos para que aquellos pacientes que precisen reanimación, como los que sufren un ahogamiento, reciban la mejor atención sin que esto comprometa la seguridad de los reanimadores.

Como sabemos, el SARS-CoV-2 puede transmitirse principalmente entre personas a través de gotas respiratorias, por lo que resulta primordial evitar, en la medida de lo posible, este tipo de contacto a la hora de realizar las maniobras de reanimación sin que éstas pierdan eficacia. Aunque es probable que estos protocolos varíen en el tiempo, a día de hoy, las principales recomendaciones incluyen considerar por defecto que cualquier niño que precise maniobras de reanimación en la comunidad puede estar infectado por SARS-CoCV-2, por lo que supone un riesgo de contagio para los reanimadores.

En el ámbito hospitalario, se disponen de las medidas y el material necesario para atender estas complicaciones minimizando los riesgos, pero, obviamente, para una persona no relacionada con este ámbito puede resultar complicado. Si un no profesional debe atender este tipo de urgencias, dada la situación actual, lo primero es llamar al 112. Hay que dejar el móvil en manos libres para recibir posibles instrucciones, y por supuesto, colocarse, en caso de que dispongamos de equipos de protección individual, al menos guantes y mascarilla o idealmente una máscara facial con protección de ojos.

Además, se recomienda:

  • Reducir al máximo el número de personas que atiendan al paciente.
  • Cubrir la boca y nariz de la víctima con una prenda o una mascarilla para evitar el efecto aerosol.
  • Girar la cabeza hacia el lado contrario e iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) solo con compresiones torácicas (100-120c/min).
  • No se aconsejan maniobras sobre la vía aérea de la víctima que comporten un mayor riesgo de transmisión vírica. Por ejemplo, comprobar si el paciente respira acercando nuestra mejilla a la cara de la víctima mediante el abordaje denominado "ver, oír, sentir", o realizar respiraciones de rescate o técnicas de "boca a boca". Algunos protocolos contemplan la excepción a estas normas en caso de que los reanimadores sean convivientes con el niño, y por tanto también probablemente infectados, incluyendo en este caso la secuencia general de reanimación cardiopulmonar (RCP) básica, incluyendo las maniobras boca a boca o boca a boca-nariz a través de una mascarilla quirúrgica o, en su defecto, de una mascarilla de tela o una pieza de ropa.

Aún en estos momentos de pandemia, es importante no dejar de iniciar las maniobras de RCP, pese a que no se tenga la experiencia suficiente.

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Los adultos y su importante papel como 'vigilantes de la playa o la piscina'

Las recomendaciones siguen siendo las mismas que todos los años en esta época estival, en la que los niños tienen mayor acceso al medio acuático.

Los más pequeños, especialmente aquellos en sus primeros años de vida, tienen un mayor riesgo de ahogamiento. Sin embargo, no hay que olvidar que la tasa de ahogamiento en adolescentes es también alta, fundamentalmente, por combinar actividades acuáticas con conductas de riesgo y consumo de tóxicos como alcohol o drogas.

En el caso de población infantil:

  • Evitar que el niño acceda al agua sin la supervisión cercana de un adulto específicamente dedicado a esa tarea. No se puede considerar que los elementos de flotación hinchables son un sustituto de nuestra supervisión.
  • Debemos disponer a mano de dispositivos de rescate.
  • Mantener los juguetes o elementos que les llamen la atención alejados del agua.
  • Vaciar cualquier recipiente con agua del que dispongamos en el domicilio inmediatamente después de usarlo, y obviamente otras medidas de sentido común como evitar situaciones de riesgo, respetar las normas y seguir las recomendaciones de quienes velan por nuestra seguridad.

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¿Qué es más peligroso para los niños, la playa o la piscina?

La principal amenaza no depende del lugar, sino del entorno y sus circunstancias. No debemos olvidar que pueden producirse casos de ahogamiento en población pediátrica en zonas con apenas unos centímetros de profundidad.

Si recurrimos a las estadísticas, en el caso de los más pequeños, este tipo de accidentes son más frecuentes en piscinas, concretamente, en las domésticas debido preferentemente a la falta de vigilancia o de adaptación de las suficientes medidas de seguridad (vallados apropiados, cobertores de piscina, ausencia de socorrista, etc.). La gran mayoría de los casos de ahogamiento son claraente evitables cambiando algunas actitudes.

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¿Qué secuelas pueden sufrir los pequeños después de un ahogamiento?

En el ahogamiento, se provoca una lesión del tejido cerebral por una deprivación parcial (hipoxia) o total (anoxia) del aporte de oxígeno al cerebro por un tiempo mayor del que pueden soportar los mecanismos compensatorios encargados de evitar la muerte neuronal. El cerebro tiene una escasa capacidad para almacenar nutrientes, por lo que demanda un elevado aporte de oxígeno de forma constante. Es por ello que, en general, se acepta que el tejido cerebral es capaz de soportar hasta un máximo de 4 o 5 minutos de anoxia mantenida, y que una vez sobrepasado este tiempo, empezará a provocarse un daño tisular cerebral que será mas intenso cuanto mayor sea el tiempo de anoxia establecido. Después de 15 minutos de deprivación de oxígeno, más del 95% del tejido cerebral estará dañado.

Las secuelas que provoca una deprivación de oxígeno en el cerebro suelen depender de diversos factores entre los que destaca la duración (peor cuanto más prolongada), la edad (peor cuanto más avanzada) o la presencia de comorbilidades u otras enfermedades asociadas.

Desde el punto de clínico, la lista de síntomas de esta enfermedad refleja la vulnerabilidad de determinadas zonas del cerebro a sufrir especialmente las consecuencias de la falta de oxigenación. Entre estas zonas especialmente sensibles se encuentran:

  • El campo CA1 y CA 46 del hipocampo, encargado de la adquisición de nueva información.
  • Los ganglios basales (caudado y putamen), que controlan el movimiento.
  • Las células de Purkinje del cerebelo, que coordinan el movimiento.
  • Territorios frontera del sistema vascular, que procesan la información entre diferentes territorios cerebrales.
  • Algunas capas (3,5,6) de la corteza cerebral, encargadas del funcionamiento cognitivo.

Y entre los síntomas más frecuentes de estos pacientes se encuentran:

  • Crisis epilépticas. Hasta uno de cada tres pacientes que ha sufrido un daño cerebral de este tipo puede presentar crisis epilépticas que lejos de reflejar el cuadro convulsivo típico suele tomar forma de episodios de desconexión (crisis parciales complejas) o de sacudidas musculares (mioclonías)
  • Trastornos del movimiento, incluyendo fundamentalmente parkinsonismo de predominio rígidoacinético, asociado a posturas distónicas. Otros tipos de movimientos frecuentes incluyen sacudidas musculares, movimientos coreicos, o movimientos anormales mas lentos pero incontrolados (atetosis), o temblor.
  • Trastornos sensitivomotores, incluyendo frecuentemente cuadros de debilidad generalizada (tetraparesia), o en miembros inferiores (parapresia), etc.
  • Trastornos visuales, desde problemas de fijación hasta ceguera cortical.
  • Trastornos en el nivel de conciencia. Incluyendo cuadros de estados prolongados de baja interacción o respuestas ante el entorno (estados de vigilia sin respuesta o estados de mínima conciencia).
  • Problemas cognitivos, centrados fundamentalmente en la atención, aprendizaje.

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