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¿Cómo debe ser una buena tabla de quesos? Con estos ‘tips’ de experto no te equivocarás

Es uno de los entrantes más socorridos y sabrosos cuando tenemos invitados en casa. Si tienes dudas a la hora de prepararla no te pierdas las recomendaciones del maestro quesero que hoy nos acompaña.

by hola.com

Qué variedades escoger; cómo disponerlas en la tabla; con qué alimentos acompañarlo; qué vinos son más apropiados en cada caso… son muchas las preguntas que nos asaltan a la hora de preparar en casa una tabla de quesos. Si la situación te resulta familiar, continúa leyendo porque hoy contamos con los tips de todo un experto la materia: el maestro quesero Salvador Valero, al frente de Bon Fromage. En esta tienda, ubicada en el madrileño Mercado de Chamartín, ofrecen a sus clientes más de 200 referencias de queso. Un verdadero paraíso para muchísimos chesse-lovers, que acuden aquí empujados por la calidad de los productos y los consejos de Valero. Recomendaciones tan prácticas como las que nos propone a continuación:

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LA ELECCIÓN. ¿Qué quesos escoger? Para hacer una buena tabla de quesos es importante que haya un amplio abanico de variedades. Entre 4 y 6 podría estar bien. Además, sería recomendable que, al menos, hubiera un queso fácil de reconocer (Brie, Manchego…). Una opción sería, por ejemplo, escoger un queso de entre cada una de las siguientes categorías.

-Quesos envejecidos: Comte, Gruyere, Zamorano, Dziugas, Manchego…

-Quesos blandos: Brie, Camembert, Munster, Saint Felicien, Pont Leveque…

-Quesos duros: Parmesano, Appenzeller, Payoyo, Canestrato, Pecorino…

-Quesos azules: Stilton, Gorgonzola, Roquefort, Cabrales, Montagnolo…

Otra opción sería montar la tabla con quesos elaborados con distintos tipos de leche (cabra, oveja. vaca…) o, una alternativa también habitual, prepararla en función de la zona de origen (por ejemplo, una tabla de quesos españoles, de quesos franceses…).

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EL ACOMPAÑAMIENTO: panes, galletas, frutas y frutos secos son el acompañamiento perfecto para los quesos. Yendo un poco más a lo particular, podemos decir que los panes y galletas van bien con quesos suaves; los panes de semillas, con quesos de cabra; avellanas, almendras o nueces, con quesos de pasta cocida (Comte, Gruyere, Marianne, Appenzeller...); y almendras y anacardos, con quesos viejos y curados.

Las pasas, ciruelas, arándanos y orejones maridan con todo tipo de quesos, potenciando los sabores sin llegar a enmascararlos. Y los trozos de manzana son clave para limpiar el sabor entre queso y queso.

LA COLOCACIÓN: una buena opción es colocar los quesos, de los más suaves a los más fuertes, en el sentido de las agujas del reloj, siendo el más suave (por el que debemos empezar la cata siempre) el que marque las 12 y las 11 el más fuerte. No olvides que tienen que ser acompañados por un cuchillo quesero.

LA TEMPERATURA: es aconsejable servir los quesos atemperados. En verano hay que sacarlos dos horas antes de la nevera y en invierno cuatro. Así, descubriremos todos los matices que nos ofrece el queso. Si no se han podido atemperar, un truco (solo en caso de ‘emergencia’) es calentar el plato o la tabla donde los vas a servir. Para guardarlos en la nevera lo mejor es hacerlo en film transparente.

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MARIDAJE: Aunque es cuestiones de maridaje el gusto personal siempre debe prevalecer, hay armonías que suelen funcionar muy bien. Así por ejemplo: los quesos azules fuertes maridan muy bien con los vinos de postre como Oporto, Tawny, Oloroso, Pedro Ximenez o Sauternes; los suaves, con vinos blancos fermentados en madera o con sidra natural; los duros tradicionales, con cervezas artesanas; y los astringentes o muy picantes, con licores, o aguardientes.

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